
“ Por la misericordia (su gran amor) de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”
Lamentaciones 3:21-23
Nuevas son las misericordias y la gracia de Dios cada día. Lo puedo ver , Dios está rodeando cada día de gracia a su iglesia, a sus hijos y aún aquellos que están por obtener su salvación.
Pienso en el error que un día Adán y Eva cometieron de comer del fruto prohibido. Rompieron la amistad y la conexión tan directa que tenían con Dios; perdieron la pureza que había en ellos e introdujeron el pecado en sus vidas y en la del resto de la humanidad para siempre. Se llenaron de vergüenza y Dios tuvo que derramar la sangre de animales inocentes; para cubrir sus vergüenzas y así, poder tener aunque fuera un contacto con ellos, pero muy lejano. Durante el resto del Antiguo Testamento ésta era la única manera de que el hombre redimiera sus pecados; miles y miles de animales eran sacrificados, pero aún así, dice la escritura que estos sacrificios sólo cubrían el pecado, pero no lo quitaban. Aunque todo esto producía un leve acercamiento del hombre con Dios, pero muy indirecto, Dios no se conformó, Él no quería ese tipo de relación con su pueblo. Y por ello tuvo que hacer un mayor sacrificio, un sacrificio que sobrepasara a todos los anteriores, uno que viniera de un hombre inocente, redimiendo a hombres pecadores.
La palabra nos enseña que Él mando a su único hijo en forma de hombre y habitó entre nosotros, y vino con un solo objetivo: ofrecerse como el sacrificio perfecto, derramando su sangre para perdón de nuestros pecados. Hebreos 9: 11-14 dice: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
¡Qué increíble verdad! Y que imposible en la mente de un ser humano pensar que un Dios tan grande, tan santo, tan puro y sin ninguna mancha, puede perdonar a un pecador como tú y como yo. Aún más difícil es que alcancemos a entender con nuestra mente, que esos pecados para Dios quedan totalmente en el olvido y que después de que nos ha perdonado y nosotros nos volvemos a acercar a Él, es como si fuera la primera vez. Las Escrituras dicen que tan lejos como está el Este del Oeste Él ha apartado nuestros pecados, que los ha echado y enterrado en lo profundo del mar, y han sido olvidados. Es decir para Dios es borrón y cuenta nueva.
No hay más que adentrarnos a las Escrituras y comenzar a leer cada versículo que nos habla de su gracia y su perdón. Es impresionante cuando vas leyendo y captas el amor de Dios. Tal es su amor, que si sólo hubiera un ser humano en toda la tierra, Cristo hubiera venido igual a morir por un solo pecador. La Escritura describe su amor en Juan 3:16 así: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha mandado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna“
Hoy tú y yo podemos tener un acceso a Dios, lo hemos recuperado por medio de la Fe en la sangre de Jesús. Por creer la obra redentora que él hizo en la cruz. Que no estimando el ser igual a Dios fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Que siendo inocente y sin mancha se hizo pecado para que tú y yo hoy fuésemos justicia de Dios en él. Y queremos llegar a Dios por medio de obras, y queremos obtener el perdón haciendo algo que nos haga creer que ya lo merecemos, pero no hay nada, no hay absolutamente nada que podamos hacer para recibir perdón por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, más que creer en lo que Él un día hizo por ti y por mí. Creer en sus sangre derramada. Y en el instante en que uno cree, ya no sólo son cubiertos los pecados, sino que son quitados y olvidados para siempre. Tu conciencia queda limpia. Romanos 8:1 dice: “No hay condenación para los que están en Cristo”.
Cada día que fallamos de alguna u otra manera, cada día que enfrentamos una debilidad, cuando se nos hace imposible el perdón…tenemos que acudir y acudir a la sangre de Jesús. Cuando uno vive bajo la conciencia del precio que se pagó, el Espíritu Santo nos va librando cada vez más de pecar.
¡Gracias Jesús por tu Sangre!