LA VIDA -parte cuatro -
Enero 23rd, 2010
La gente pensamos que por el hecho de estar vivos tenemos vida. Pero hoy en día mucha gente está perdiéndola, desperdiciándola o simplemente viviendo por vivir. La verdadera vida es algo tan extraordinario que es difícil definirla.
Cuando Jesús vino a la tierra se reveló dónde estaba la vida. El apóstol Juan dijo: En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Él era una luz extraordinaria, todo su ser emanaba vida: sus palabras, su poder, su autoridad. Nada en él estaba sin luz.
Yo creo que nosotros hallamos la vida cuando nuestros caminos se cruzan con los de Dios, cuando nuestros deseos coinciden con los de él, cuando nuestros pensamientos se encuentran con los suyos. Cuando te sucede esto, algo pasa dentro de ti que te despierta, que te quita del centro… Viene una paz, una seguridad, un entendimiento de que puedes hacer su voluntad. Empiezas a ver cómo se abre todo, cómo se abren puertas, cómo gente te escucha.
Quisiera darte un ejemplo: Recuerdo hace años, cuando oí la canción “Aclame al Señor”, todo mi ser entendió que adoración era la exaltación a Dios que traía su poder a la tierra. No lo puedo describir, pero vi como se abría todo para darle lugar a él. Vi como se abrían los ojos y los oídos espirituales, y todo se rendía a él; él estaba ahí y era lo único que importaba. Y vi cómo una vez que él estaba presente todo se transformaba, todo volvía a vivir.
Recuerdo el coro de una canción “Yo quiero verte exaltado, yo quiero ver tu majestad, yo quiero verte en tu santidad, reinando en las alturas.” Todos los deseos de mi corazón estaban expresados ahí, y todo en mí fue despertado a entender que si él era levantado, él atraería a todos a sí mismo. Anhelaba que esto sucediera en todas partes. De ahí nació “en espíritu y verdad”.
Un día todo “lo mortal será absorbido por la vida.” (2 Corintios 5:4). Si extendemos nuestros oídos espirituales a palpar la vida, y nos movemos en él, en sus posibilidades, en sus fuerzas, él lo hará todo.
Te animo a buscar esa sintonía con el deseo de Dios, con su tiempo, con sus recursos; veremos surgir muchas fuentes de vida, y sobre todo, lo veremos a él manifestado.







